Luego de un clásico desayuno al mejor estilo Achalay (las medialunas que no nos comimos fueron a un tupper, sin lugar a dudas) y después de una breve despedida de los Pain pusimos rumbo a Valle Fértil.
Nuestra primera intención era recorrer el conocido camino a Los Gigantes y de allí seguir hacia Taninga y salir a la RN 38 en Villa de Soto. En cambio, decidimos intetntarlo a la vuelta, ya con muchos más kilómetros encima. Así pues arrancamos el camino que pasa por Cosquín, La Falda, Cruz del Eje, Villa de Soto, etc, todo por la 38. Un camino muy disfrutado, con todas las localidades conocidas, recordando viejas excursiones a bordo del micro de Pinocho, el chofer que tantas veces nos llevo en aquellas recorridas.
Parada de rigor para cargar combustible, estirar un poco las piernas y que Jose se distraiga un poco del asientito en la camioneta.
Venimos muy bien.
Nos esperan unos cuantos kilómetros más, ahora almorzando a bordo.
Algunos kilómetros más adelante ingresamos en la provincia de La Rioja, donde un amable policía nos detiene para preguntarnos donde vamos, darnos un folleto de Talampaya, intentar disuadirnos de tomar la ruta 77 hacia Chepes y garronenarnos un mango por la desinformación.
Seguimos camino y o nos encontramos entrando en San Juan, por unos paisajes bien desérticos, salares escondidos bajo los arbusto y los caminos con más badenes que hemos visto hasta ahora. Las rutas desde el sur hasta Valle Fértil e Ischigualasto son como una montaña rusa. Literalmente, seguimos aprendiendo cómo es hacer tantos kilómetros con una nena tan chiquita. En esta ocasión, el efecto Exorcista se hizo presente. Parada en la banquina para lipiar a la nena, el asiento y hast ale pequeño pony, bañado en jugo gástrico.